Debe haber sido allá por 1974 o 1975. Papá estaba ya muy enfermo, internado en el Hospital Ferroviario. Nos turnábamos para cuidarlo, y un día, cuando me disponía a volver a casa, decidí hacer un trecho caminando desde Retiro, en vez de tomar el colectivo, un poco para despejarme y reanimarme después de haber pasado horas viendo como papá de a poco se iba apagando. Mi caminata me llevó a la esquina de Paraguay y Callao, donde había (y sigue habiendo) una florería tradicional. El barrio siempre fue un barrio elegante, y los negocios se acomodaban a ese carácter. Miro en la vidriera y, entre profusos ramos de rosas, solitaria y majestuosa en un alto florero de cristal, estaba la primera orquídea que veía fuera de fotos de revistas. Alguna vez había oído, cuando era más chico, a mamá comentar el casamiento de alguien y mencionar que la novia había llevado como ramo una orquídea (en esa época todo el mundo se casaba por la iglesia, y cada detalle de las ceremonias era comentado por me...